Cuando pensamos en paquetes de viajes a Brasil, mucha veces nuestra mente nos juega una mala pasada, ya que automáticamente nos remite a all inclusive y playas. Sin embargo, los paquetes de viajes a Brasil también pueden tener lugar, por ejemplo, para la cultura. Antes de seguir, si querés info sobre turismo en tierras cariocas, te remitimos a este sitio.

Ahora bien, ¿por qué afirmamos lo anterior? Pues porque Brasil es un país sumamente rico en términos de oferta turística. Y entre su amplia gama de actividades, se cuentan las culturales, sobre las cuales se destaca el Museo de Arte de San Pablo.

 

 

Este museo, nombre abreviado como MASP, es una joya tanto por su nutrido patrimonio artístico como por su edificio en sí.

En la presente nota, reseñaremos el segundo aspecto de esta institución, su anclaje material, es decir, su calidad arquitectónica. ¡Seguí leyendo!

Paquetes de viajes a Brasil: una excusa perfecta para conocer el MASP

Esta obra, tan significativa en la trayectoria profesional de la arquitecta italo brasileña Lina Bo Bardi, se enmarca dentro de un ambicioso programa de activación y de revitalización de la escena cultural de São Paulo, prácticamente inexistente hacia mediados del siglo pasado.

En 1947, el matrimonio Bardi, que se escapaba del golpe de estado que tuvo lugar en Salvador de Bahía, se instaló en São Paulo. Una vez acá, recibieron el desafiante pedido de diseñar el museo de arte de la ciudad.

Antecedentes: actividad más significativa de Lina Bo Bardi en el Brasil

La arquitecta Bo Bardi creó un taller de diseño inspirado en el ideario de la Bauhaus e impulsó y fundó la Escuela de Arte Palma, en colaboración con el arquitecto Giancarlo Palanti.

En estos sitios, tuvo lugar una gran cantidad de proyectos, claves para el arte brasileño, vinculados al interiorismo, diseño de exposiciones y de mobiliario, etc., durante un periodo que abarcó, fundamentalmente, los años 1948-1951.

Más tarde, después de realizar una de las obras más importantes de su carrera, la Casa del Vidrio, y definir un proyecto irrealizado para un museo al borde del océano en San Vicente en el año 1957, la arquitecta empezó  a proyectar el nuevo Museo de Arte de San Pablo.

Construcción del MASP

Este trabajo se enclava sobre un terreno donde se localizaba el Belvedere de Trianon; una parcela que fue cedida por el ingeniero que construyó la gran avenida Paulista, con la condición de que cualquier obra que ahí se edificara nunca interrumpiera la vista privilegiada que se tenía desde la avenida hacia el resto de la ciudad y hacia la Sierra de Cantareira.

Ante este condicionamiento, Lina Bo Bardi respondió con una apuesta radical, un edificio mirador que integrará las exigencia del programa, que respondiera a los también condicionantes del entorno y que no chocara con la identidad de un pedazo de terreno desde el cual se podía siempre divisar aquella perspectiva singular de la ciudad.

El complejo se compone de un primer elemento-plataforma semienterrado, cuya cubierta se alinea con la rasante de la gran avenida. Gracias a esta disposición, se forma una gran plaza pública o espacio multifuncional de diversas posibilidades a la vez que operado como mirador sobre la ciudad.

Este espacio de acceso al edificio se organiza mediante una secuencia de escalera-hall cívico. Su diseño sirve para conducir a los visitantes a la zona de restaurante, biblioteca y auditorio, al mismo tiempo que actúa como un mecanismo a escala urbana, que propone una sugerente  transición entre la Avenida Paulista y el Parque del Trianon.

Heredera de la Bauhaus al fin y al cabo, esta edificación tiene un claro carácter horizontal, que se desarrolla en paralelo a la vía principal de la ciudad y se posa con sus grandes patas rojas sobre la parcela, en un marcado tour de forcé que se instituye en el principal gesto del proyecto.

De este modo, el planteamiento propuesto permitió la liberación visual de la porción de superficie que ocupa, tal y como teorizaba Le Corbusier, contraponiendose, con elegancia, frescura e irreverencia, al ritmo vertical de una ciudad llena de torres.

Actualmente, el Museo de Arte de São Paulo brinda a la población un lugar de usos múltiples: parque infantil, sitio de conciertos y de tiendas, lugar de exposiciones, etc.; en otras palabras y según la misma Lina, un espacio para la libertad, tema recurrente en toda la obra de la arquitecta.

Sobre un vacío de 8 metros de alto, se erige el segundo cuerpo que conforma la pieza central del proyecto. Una gran caja abstracta elevada dispuesta sobre un vano de 70 metros de luz, con 29 metros de ancho y 14 metros de alto, apoyada y dependiente de un singular sistema estructural de hormigón.

Este es un recurso constructivo que, hasta entonces, nunca se había utilizado en el Brasil y que, en este caso, está formado por cuatro pilares y dos vigas pintadas de rojo intenso característico de obra de Bo Bardi.

Este inmenso contenedor de hormigón y de vidrio, que remite al ideario de Mies Van Der Rohe y que parece flotar sobre la gran plaza vestibular, es diáfano en su interior. Se trata de un enorme espacio sin pilares, que contiene la pinacoteca del centro, y es el lugar de mayor carga simbólica de la construcción.

Acá, como si de un cofre del tesoro se tratase, la arquitecta diseñó un peculiar sistema de sustentación y presentación de los cuadros sobre paneles de vidrio. Esto produce cierto efecto mágico, ya que la obras parecieran flotar.

¿Qué te pareció esta nota? ¿Vas a visitar el MASP?