Las enfermedades autoinmunes forman parte de nuestra realidad, más de lo que pensamos. Se trata de enfermedades muy conocidas y cada vez más frecuentes tal y como comprobamos en la subida de sufridores de problemas rutinarios en su alimentación. La ingesta de según que tipo de alimentos le supone al cuerpo humano una serie de modificaciones con las que se siente atacado por las que actúa contra ellas y, por tanto, contra sí mismo. Es el caso de la celiaquía o de todo tipo de alergias e intolerancias habituales como, por ejemplo, la derivada de la lactosa. Encontrarás más información aquí sobre tipos de enfermedades autoinmunes.

La celiaquía cada vez es más común y por ello cada vez encontramos un mayor cuidado de los componentes que forman parte de los alimentos y de las recetas que encontramos tanto en restaurantes como en lugares más corrientes. Se trata de un proceso multiorgánico autoinmune que daña el intestino debido a una intolerancia al gluten, un conglomerado de proteínas que pueden encontrarse en cereales como el trigo, la avena, el centeno y la cebada y en productos derivados de los mismos.

La intolerancia a la lactosa es otra de las variantes de enfermedades autoinmunes de tipo alimentario más comunes. Se trata de un trastorno presente tras la ingesta de la lactosa, también conocido como el azúcar de la leche, debido a problemas de deficiencia con la lactasa, la enzima que la digiere.

ALIMENTOS APTOS PARA EL TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES

Aunque uno debe de acudir a un médico especialista para que pueda tratar la enfermedad correctamente y, pese a tratarse de una enfermedad crónica, llevarla lo mejor posible, existen una serie de dietas y alimentos que repercuten en esta mejoría. Por ejemplo, en el caso de las enfermedades autoinmunes de las que hemos hablado anteriormente como la celiaquía y la intolerancia a la lactosa, esto se consigue evitando la ingesta de alimentos que llevan las proteínas que le suponen ese mal estomacal al cuerpo, pero no siempre resulta tan sencillo.

En líneas generales, puede decirse que existe un protocolo de restricción de alimentos para este tipo de enfermedades para que el estado de salud del sufridor no vaya a peor y, a su vez, conseguir ciertas mejoras. Mediante las visitas médicas, las dietas especializadas y la reducción de estrés, el bienestar cada vez será mayor.

Los alimentos más dañinos para este tipo de enfermedades son aquellos que contienen gluten, lactosa, posibles contaminaciones con metales pesados y aquellos alimentos vegetales que sufran de pesticidas.